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Leucemia: Causas y Tratamiento De Esta Devastadora Enfermedad

 Cada año, se espera que más de 60 000 personas sean diagnosticadas con algún tipo de leucemia. La leucemia representa el 3,6 por ciento de todos los casos nuevos de cáncer. Según el Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, la leucemia es un término amplio para los cánceres que afectan las células sanguíneas. Los adultos mayores de 55 años tienen más probabilidades de verse afectados por la leucemia; sin embargo, los niños también pueden desarrollar leucemia. De hecho, la leucemia es el cáncer más común en niños menores de 15 años. Los síntomas tempranos de la leucemia a veces pueden ser vagos y confundidos con otras enfermedades o afecciones.

No está del todo claro por qué algunas personas desarrollan leucemia y otras no; los factores de riesgo que parecen desempeñar un papel en algunos casos de leucemia incluyen: factores genéticos, antecedentes familiares, exposición a ciertos químicos, fumar y haber recibido tratamiento para otro tipo de cáncer con radiación o quimioterapia. 

Si padeces leucemia, crees que puedes padecerla o conoces a alguien con esta enfermedad, lee atentamente este artículo para saberlo todo al respecto:

 

 

1. ¿Qué es la leucemia?

2. Signos y síntomas

3. Cómo se forma y tipos de leucemia

3.1 Cómo se clasifica la leucemia

3.2 Tipos de leucemia

4. Causas y factores de riesgo

4.1 Factores de riesgo para la leucemia

5. Diagnóstico

6. Tratamiento

7. Remedios naturales para tratar los síntomas

7.1 Controlar la fatiga y la anemia

7.2 Controlar la fiebre y las náuseas

7.3 Encuentra apoyo

7.4 Reducir el estrés y practicar el autocuidado

8. Prevención

9. Vídeo resumen

 

 

 

1. ¿Qué es la leucemia?

La definición de leucemia es "cáncer que comienza en el tejido que forma la sangre, como la médula ósea, y que produce una gran cantidad de células sanguíneas anormales que se introducen en el torrente sanguíneo". Además de afectar la formación de sangre en el cuerpo, en los tejidos, la leucemia también afecta el sistema linfático, lo que dificulta la lucha contra las infecciones.

La leucemia es el cáncer más común en niños y adolescentes, especialmente el tipo llamado leucemia linfocítica aguda (LLA) y, en menor medida, leucemia mieloide aguda (LMA). Se estima que la leucemia es responsable de casi 1 de cada 3 cánceres en niños y adolescentes.

 
leucemia

Algunas personas se refieren a la leucemia como un grupo de cánceres de la sangre. Los cánceres de sangre afectan la producción y la función de las células sanguíneas y generalmente comienzan en la médula ósea donde se produce la sangre. Es común que las células blancas de la sangre se vean afectadas por la leucemia, que normalmente tiene la función de proteger al cuerpo de patógenos e infecciones. En muchos casos de leucemia, la médula ósea produce glóbulos blancos anormales que no funcionan como lo harían normalmente, lo que lleva a una disminución de la inmunidad e infecciones recurrentes. Los glóbulos blancos bajos, las plaquetas bajas y los glóbulos rojos anormales son las causas subyacentes de los síntomas generalizados de la leucemia.

El pronóstico de la leucemia (la posibilidad de que el paciente se recupere y sobreviva) depende de varios factores, por ejemplo: la edad del paciente, su estado general de salud, antecedentes de cualquier otro cáncer, genética y si han recibido tratamiento para el cáncer en el pasado.

 

2. Signos y síntomas

Los síntomas de la leucemia varían de persona a persona según el tipo específico. Los síntomas tempranos de la leucemia también pueden a veces ser vagos y confundidos con otras enfermedades o afecciones, como fiebre temporal, gripe o afección autoinmune.

Algunos de los síntomas de leucemia más comunes pueden incluir:

-Síntomas de fiebre, incluyendo debilidad y escalofríos
-Fatiga continua/agotamiento
-Infecciones frecuentes o severas
-Pérdida de peso involuntaria y pérdida de apetito, a veces debido a dolores de estómago y sentimientos de plenitud
-Ganglios linfáticos inflamados (llamados linfadenitis)
-Bazo o hígado agrandado
-Sangrado o moretones prolongados o fáciles, debido a los bajos recuentos de plaquetas en la sangre. Esto también puede causar hemorragias nasales
-Pequeñas manchas rojas que se desarrollan en la piel (llamadas petequias)
-Sudoración excesiva, incluso tener "sudores nocturnos" al dormir
-Dolor o sensibilidad en los huesos
-Piel pálida por anemia
-Sentirse mareado o aturdido
-Dolores de cabeza
-Falta de aliento o tos
-Hinchazón en la cara y brazos

leucemia

Muchos de los síntomas de la leucemia son causados ​​por un bajo recuento de glóbulos rojos (anemia), ya que se necesitan glóbulos rojos para transportar oxígeno a todas las células del cuerpo. Ciertos síntomas de leucemia, como las infecciones recurrentes, pueden deberse a un bajo nivel de glóbulos blancos.

La trombocitopenia, o tener niveles bajos de plaquetas, es otro problema común y significativo en muchos pacientes con leucemia, especialmente en aquellos con leucemia aguda (mielógena y linfocítica) o leucemias crónicas avanzadas. La trombocitopenia puede causar sangrado excesivo y síntomas como sangrado de la piel y gingival, sangrado gastrointestinal, intracraneal, retiniano o pulmonar.

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3. Cómo se forma y tipos de leucemia

En general, se cree que la leucemia aparece cuando algunas células sanguíneas adquieren mutaciones en el ADN (la información que se encuentra dentro de cada célula y que dirige su función). Puede haber otros cambios en las células que todavía no se comprenden cabalmente y que podrían contribuir a provocar la leucemia.

Algunas anomalías hacen que la célula crezca y se divida con mayor rapidez, y que siga viviendo cuando las células normales ya murieron. Con el tiempo, esas células anormales pueden desplazar a las células sanguíneas sanas de la médula ósea, lo que disminuye la cantidad de plaquetas, glóbulos blancos y glóbulos rojos sanos, y causa los signos y síntomas de la leucemia.

 

3.1 Cómo se clasifica la leucemia

Los médicos clasifican la leucemia en función de la velocidad de evolución y de los tipos de células involucrados.

El primer tipo de clasificación se centra en la velocidad de evolución de la leucemia:

  • Leucemia aguda. En la leucemia aguda, las células sanguíneas anormales son células sanguíneas inmaduras (blastos). No pueden cumplir sus funciones normales y se multiplican rápido; por lo tanto, la enfermedad empeora con rapidez. La leucemia aguda exige un tratamiento agresivo.
  • Leucemia crónica. Existen muchos tipos de leucemias crónicas. Algunas producen demasiadas células y otras, muy pocas. La leucemia crónica comprende células sanguíneas más maduras. Esas células sanguíneas se replican y acumulan muy lentamente, y pueden funcionar con normalidad durante un tiempo. Algunas formas de leucemia crónica, al principio, no producen síntomas tempranos, por lo que pueden pasar desapercibidas o no diagnosticarse durante años.

El segundo tipo de clasificación tiene en cuenta el tipo de glóbulo blanco afectado:

  • Leucemia linfocítica. Este tipo de leucemia afecta las células linfoides (linfocitos) que forman el tejido linfoide o linfático. El tejido linfático forma el sistema inmunitario.
  • Leucemia mielógena. Este tipo de leucemia afecta las células mieloides. Estas originan los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las células que producen plaquetas.

3.2 Tipos de leucemia

Estos son los principales tipos de leucemia:

  • Leucemia linfocítica aguda. Este es el tipo más frecuente de leucemia en niños jóvenes. La leucemia linfocítica aguda también puede afectar a los adultos.
  • Leucemia mielógena aguda. La leucemia mielógena aguda es un tipo de leucemia frecuente. Afecta a niños y a adultos. La leucemia mielógena aguda es el tipo más frecuente de leucemia aguda en adultos.
  • Leucemia linfocítica crónica. Si tienes leucemia linfocítica crónica, la leucemia crónica más frecuente en adultos, es posible que te sientas bien durante años sin necesitar tratamiento.
  • Leucemia mielógena crónica. Este tipo de leucemia afecta principalmente a los adultos. Una persona que padece leucemia mielógena crónica tiene pocos síntomas o ninguno durante meses o años antes de ingresar a una fase en la que las células de la leucemia crecen más rápido.
  • Otros tipos de leucemia. Existen otros tipos de leucemia poco frecuentes, como la leucemia de células pilosas, los síndromes mielodisplásicos y los trastornos mieloproliferativos.
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Los expertos aún no saben exactamente por qué se desarrolla la leucemia, aunque se cree que se debe a una combinación de factores genéticos y ambientales.

La leucemia se forma cuando las células sanguíneas de una persona adquieren mutaciones en su ADN, cambiando la forma en que se desarrollan y funcionan. Las células cancerosas pueden crecer y dividirse más rápidamente de lo normal, y también seguir viviendo cuando normalmente morirían. A medida que las células anormales continúan proliferando, se "desplazan" a las células sanguíneas sanas, glóbulos blancos y plaquetas. Un tipo común de cambio en el ADN que puede conducir a la leucemia se conoce como una translocación cromosómica, en la cual el ADN de un cromosoma se rompe y se une a un cromosoma diferente. Esto puede afectar negativamente la capacidad del cuerpo para controlar la forma en que se dividen las células y para suprimir la formación de tumores.

Si bien todavía hay mucho que aprender sobre las causas subyacentes de la leucemia, los investigadores han podido identificar ciertos factores de riesgo que pueden aumentar su riesgo de desarrollar algunos tipos de leucemia. Sin embargo, es importante señalar que muchas personas con leucemia no tienen factores de riesgo conocidos, y tener un mayor riesgo no significa necesariamente que alguien definitivamente desarrollará leucemia.

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4.1 Factores de riesgo para la leucemia
-Tratamiento previo contra el cáncer, incluyendo haber recibido quimioterapia o radioterapia. Cualquier tratamiento intensivo que suprima el sistema inmunológico puede aumentar el riesgo de leucemia.
-Trastornos genéticos o anomalías, que incluyen síndrome de Down, síndrome de Li-Fraumeni, neurofibromatosis y anemia de Fanconi. Los factores genéticos que se heredan de los padres de un niño pueden aumentar el riesgo de leucemia infantil, sin embargo, la mayoría de los casos de leucemia no están relacionados con ninguna causa genética conocida.
-Exposición a ciertas toxinas o sustancias químicas, incluido el benceno que se encuentra en la gasolina, los pesticidas y la radioterapia
-Ser mayor de 70 años
-Ser hombre
-Ser caucásico, especialmente de ascendencia judía rusa o judía de Europa del Este
-Fumar o beber demasiado alcohol
-Antecedentes familiares de leucemia o tener un hermano con leucemia
-La obesidad o el sobrepeso
-Demasiada exposición al sol
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La leucemia se puede diagnosticar mediante diferentes pruebas que incluyen:

-Examen físico, en el cual el médico buscará cualquier signo físico de leucemia y discutirá los síntomas.
-Exámenes de sangre, para detectar niveles anormales de glóbulos rojos o blancos o plaquetas. En algunos casos, es posible que alguien no tenga síntomas de leucemia notables, pero se le diagnostique leucemia crónica durante un examen de sangre de rutina. Otros pueden visitar a su médico porque están desarrollando infecciones, fatiga y otros síntomas debido a un bajo nivel de glóbulos blancos o anemia.
-Prueba de médula ósea o biopsia, para detectar células de leucemia.
-Análisis citogenético, para detectar anomalías cromosómicas.
-Perfil genético integral para buscar ciertos genes.
-Tomografía computarizada para detectar ganglios linfáticos inflamados o un bazo agrandado.

 

Existen varios sistemas que se utilizan para clasificar la leucemia, entre ellos, la clasificación franco-estadounidense-británica (FAB) y la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los tipos agudos de leucemia generalmente se clasifican según el tipo de célula involucrada y el aspecto de las células bajo el microscopio. En lugar de estadificar la leucemia aguda, algunos médicos prefieren usar las clasificaciones: sin tratamiento (los síntomas se están manejando), en remisión (el número de células anormales es bajo y no hay síntomas) y recurrente (cuando la enfermedad ha regresado después de ser tratado).

La leucemia mielógena crónica (LMC), un cáncer de crecimiento más lento, generalmente se divide en tres fases: la fase crónica, la fase acelerada y la fase de crisis. Estas fases se basan en el porcentaje de glóbulos blancos inmaduros (o blastos) que se encuentran en la sangre o en la médula ósea. La fase crónica (fase más temprana) es cuando se encuentran menos de 10 por ciento de blastos en muestras de sangre o de médula ósea, fase acelerada es cuando la médula ósea o muestras de sangre tienen más de 10 por ciento pero menos de 20 por ciento de blastos, y la fase de blastos es cuando la médula ósea o las muestras de sangre tienen más de 20 por ciento de blastos.

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El tratamiento para la leucemia depende del tipo de leucemia, la etapa del cáncer y otros factores como los síntomas y la edad. Las opciones de tratamiento convencionales para la leucemia incluyen:

Quimioterapia: se utiliza para atacar y matar las células de la leucemia. La quimioterapia puede involucrar un solo medicamento o una combinación de medicamentos que se usan en forma de píldora o inyección.
Radioterapia: daña las células de la leucemia utilizando rayos X u otros haces de alta energía. La radiación también se puede usar para preparar a un paciente para un trasplante de células madre.
Terapia biológica: ayuda al sistema inmunitario del paciente a reconocer y atacar las células leucémicas. Este tratamiento es más comúnmente usado para la leucemia crónica.
Terapia dirigida: detiene ciertas acciones de las células anormales.
Trasplante de células madre (sangre y médula ósea): reemplaza la médula ósea enferma con médula ósea sana mediante la infusión de células madre formadoras de sangre. La quimioterapia o la radioterapia se usan primero para destruir la médula ósea enferma. Las células madre sanas pueden provenir del propio cuerpo del paciente, o más comúnmente de un donante.
Medicamentos: algunos medicamentos pueden ayudar a mejorar los síntomas de la leucemia crónica, como los psicoestimulantes y los antidepresivos.


Ciertos hábitos de vida y cambios en la dieta también pueden ayudar a que el tratamiento de la leucemia sea más manejable y exitoso.

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7.1 Controlar la fatiga y la anemia
Algunas personas experimentan síntomas de leucemia como el agotamiento con tanta intensidad que interfiere con las actividades diarias, el trabajo y la salud mental. Es posible que no puedas tratar completamente la fatiga o recuperar toda tu energía, pero algunos consejos pueden ayudarte.

 

-Si la anemia está causando fatiga, habla con tu médico o con un dietista acerca de cambiar la dieta. Es una buena idea visitar a un nutricionista para asegurarte de que estás consumiendo suficientes calorías, líquidos y nutrientes para apoyar la recuperación. Tu dieta puede ser adaptada dependiendo de factores como el nivel sérico de hierro, capacidad total de unión al hierro, nivel de ferritina (proteína en las células que almacenan hierro), nivel de folato y nivel de vitamina B12. La malnutrición y los efectos secundarios o los síntomas (como pérdida de apetito, náuseas o vómitos) pueden ser el resultado del cáncer o del tratamiento del cáncer. 
-Trata de mantenerte activo y de hacer ejercicio ligero si es posible. Esto puede ayudarte a dormir mejor y a reducir el dolor. Antes de comenzar un programa de ejercicios, siempre consulta con un médico para asegurarte de que es seguro.
-Habla con tu médico acerca de cualquier medicamento que estés tomando y que esté empeorando la fatiga (como los analgésicos). Es posible que debas cambiar la dosis o probar otro medicamento.
-Ajusta tus hábitos de sueño para alentar una buena noche de sueño. Trata de no dormir la siesta durante el día durante más de 30 minutos. Haz algo para relajarte antes de acostarte, como tomar un baño o una ducha tibia, leer, escribir en un diario o meditar. Intenta seguir un ciclo regular de sueño-vigilia yendo a dormir aproximadamente a la misma hora cada noche. Mantén tu dormitorio fresco, tranquilo y oscuro. Evita la cafeína, el alcohol o los alimentos con alto contenido de azúcar antes de acostarte. No realices ninguna actividad antes de acostarte que implique exposición a la luz azul, como usar una computadora, teléfono o incluso mirar televisión.

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7.2 Controlar la fiebre y las náuseas
Los siguientes consejos pueden ayudarte a sobrellevar los síntomas de la leucemia, como fiebre, náuseas, dolores de cabeza y pérdida de apetito.

-Mantente hidratado: trata de beber uno o dos litros de agua al día. Toma un vaso de agua al menos cada dos o tres horas o siempre que tengas sed. Limita el consumo de alcohol y cafeína, que tienen efectos diuréticos y empeoran la deshidratación. Otras bebidas hidratantes que también apoyan tu sistema inmunológico incluyen infusiones de hierbas, té con jugo de limón y miel, jugos de vegetales recién exprimidos, caldo de huesos y agua de coco.
-Aplica una compresa fría en la frente, el cuello o cualquier área inflamada para reducir el dolor y la hinchazón. Haz esto durante 10 a 15 minutos varias veces al día hasta que la hinchazón disminuya. Agregar 1–2 gotas de aceite de árbol de té o aceite de orégano a la compresa también ayudará a combatir infecciones y linfadenitis.
-Inhala aceite esencial de menta o frótalo en el cuello y el pecho.
-Toma un poco de aire fresco, abre una ventana y camina afuera.
Si tienes náuseas, come comidas más pequeñas distribuidas a lo largo del día. Siéntate durante aproximadamente una hora después de comer para aliviar la presión sobre el estómago. Trata de comer al menos tres horas antes de acostarte para ayudarte a digerir.
-Apoye tu sistema inmunológico con suplementos que incluyen: vitamina C, raíz de astrágalo, ajo, jengibre, un suplemento probiótico y ácidos grasos omega-3.

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​7.3 Encuentra apoyo
Si te sientes abrumado, ansioso o deprimido por tu diagnóstico, no estás solo. Es una reacción común al ser diagnosticado con una enfermedad grave. También es posible que los medicamentos contra el cáncer contribuyan a aumentar los sentimientos de ansiedad, aislamiento y depresión. Considera hablar sobre tus síntomas de leucemia con alguien que pueda ayudarte, como un terapeuta, un trabajador social médico, un miembro del clero, un sobreviviente de cáncer o un líder de un grupo de apoyo para el cáncer.

 

7.4 Reducir el estrés y practicar el autocuidado

-No te aísles ni te culpes. Conéctate con personas y actividades que están separadas de tu diagnóstico de cáncer.
-Establece metas pequeñas y manejables para ti mismo a medida que comienzas a sentirte mejor, como cocinar la cena, salir a caminar, salir con un amigo, etc.
-Trata de mantenerte ligeramente activo. Considera tomar aire fresco mientras caminas afuera, o toma una clase de yoga suave.
-Realiza otras actividades para aliviar el estrés que mejoren tu estado de ánimo, como practicar yoga, meditación y ejercicios de respiración, pasar tiempo al aire libre, unirse a una comunidad basada en la fe, usar aceites esenciales como lavanda, manzanilla o albahaca sagrada, tomar un baño de sal de Epsom antes cama para relajar la tensión muscular, diario, lectura, y así sucesivamente.

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La American Cancer Society nos dice que "hay muy pocas causas conocidas relacionadas con el estilo de vida o ambientales de las leucemias infantiles, por lo que es importante saber que en la mayoría de los casos no hay nada que estos niños o sus padres hayan podido hacer para prevenir estos cánceres". Si bien la leucemia no siempre se puede prevenir, especialmente en los niños si un factor genético es la causa, hacer ciertos cambios en el estilo de vida puede ayudar a disminuir el riesgo de los adultos.

-Come una dieta saludable y evita los alimentos inflamatorios. Incluye una variedad de alimentos integrales, especialmente frutas y verduras de colores brillantes en tus comidas todos los días. Una dieta equilibrada que proporcione suficientes líquidos, calorías, proteínas, vitaminas, minerales y hierro también ayudará a disminuir los síntomas asociados con la leucemia, como la fatiga. Trata de incluir alimentos que combatan el cáncer en tu dieta, tales como: todo tipo de vegetales de hojas verdes, verduras crucíferas, bayas (arándanos, frambuesas, cerezas, fresas, bayas de goji y moras), kiwi, frutas cítricas, naranja y alimentos vegetales de color amarillo (como batatas, bayas, calabaza, calabazas y otros alimentos vegetales), además de carnes orgánicas, pescado capturado en la naturaleza, huevos y productos lácteos crudos o fermentados, nueces, semillas y grasas saludables como el aceite de coco, aceite de oliva , manteca, manteca alimentada con pasto y aguacates. La miel, el ajo, las hierbas, las especias y el vinagre de sidra de manzana también refuerzan el sistema inmunológico y ayudan a combatir la linfadenitis.
 

-Deja de fumar o toma cantidades moderadas de alcohol. Para obtener ayuda para dejar de fumar, habla con tu médico acerca de las intervenciones útiles o habla con un terapeuta.
 

-Limita tu exposición a toxinas, productos químicos y contaminantes en el trabajo tanto como sea posible. Si has sido tratado con quimioterapia o radiación en el pasado, habla con tu médico acerca de tu riesgo de desarrollar enfermedades, incluida la leucemia, como resultado.
 

-Conoce tu herencia familiar. Que tus hijos sean examinados a una edad temprana si tienes algún familiar con leucemia o cáncer que afecte el sistema linfático. El tratamiento temprano puede ayudar a mejorar la recuperación.
Mantén un peso saludable al comer una dieta rica en nutrientes y mantenerte activo. El ejercicio ayuda a estimular el sistema inmunológico y puede ayudar a prevenir la obesidad.

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