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Los Secretos De La Isla Más Longeva De Italia

El Redactor: Ysabel Taberner Lopez

 Nos desplazamos hasta la isla italiana de Cerdeña para entender un poco mejor cuáles son las razones que provocan que algunas personas vivan tanto. Basta con recorrer unos kilómetros en el Mediterráneo.

Okinawa (Japón) es famosa por albergar muchos centenarios pero Italia no se queda corta. Muy cerca de España, a apenas 1.000 kilómetros de las Islas Baleares, se encuentra Cerdeña, uno de los lugares de Europa donde sus habitantes más (y mejor) viven. 

 
cerdeña el lugar más longevo
Dan Buettner viajó a Cerdeña para comprender un poco mejor qué ocurre allí para que, entre sus 10.000 habitantes, haya 21 centenarios, una media que multiplica por cinco la de Estados Unidos. El autor nacido en Minesota ha publicado sus conclusiones en un artículo de The Wall Street Journal. Buettner se desplazó hasta la isla acompañado de un demógrafo, un genetista evolucionario y un físico italiano para entender qué factores hacen que muchos ancianos sigan soplando velas después de haber cumplido 100 años. 
Durante los primeros años de la investigación de Buettner, este había sospechado que lo que marcaba la diferencia entre los más longevos y aquellos que vivían menos en circunstancias parecidas de higiene y desarrollo sanitario era su configuración genética. 
pecorino sardo y longevidad

En el caso de esta isla istaliana la dieta sí parece ser un importante factor de la longevidad dentro de una sociedad, pero como ocurría con la alta esperanza de vida de Japón, el país más longevo del mundo, no se debe únicamente a los nutrientes que proporciona, sino también a la gran cantidad de actividades relacionadas con una forma de alimentación más adecuada, su producción y la cultura que la fomenta.

A nivel de alimentación, los carbohidratos complejos parecen influir de manera positiva en la longevidad de los habitantes de todo el mundo:

  • Verduras
  • Frutas 
  • Granos enteros (judías sobre todo)

Según los cálculos del grupo de investigadores liderados por Buettner, dos cucharadas al día de judías provocaban que la probabilidad de morir descendiese un 8%. Un alimento que en todos esos lugares sustituía a la carne como la principal fuente de proteína, al mismo tiempo que su aporte de fibra mejoraba la fibra intestinal.

Pero la dieta no es suficiente para vivir más: familia y amigos

Buettner relata uno de sus encuentros con una familia de cinco mujeres que pertenecían a tres generaciones diferentes. Cada pocas semanas, se reunían para cocinar pan de la manera tradicional.   Para preparar el alimento, las mujeres debían cortar leña y atizar el fuego, así como amasar durante casi una hora. Un esfuerzo físico bastante completo que, por sí mismo, resulta aún más agotador que una sesión en el gimnasio. Pero esto no era lo más importante, sino mantener unas relaciones saludables con las personas que los rodeaban.

grupos de amigos mayores y longevidad
“La gente se encuentra todos los días en la calle y disfrutan la compañía de los demás”, escribe Buettner en el artículo. “Si alguien enferma, un vecino está ahí. Si un pastor pierde a su rebaño, otros le entregan sus animales para reconstruirlo”. Nadie vive solo, aunque pernocte sin compañía en su casa. Como recuerda el autor, no hay nada más importante para que una comunidad (y no uno de sus miembros) sea longeva que sus habitantes se apoyen mutuamente. En muchas ocasiones, esto se manifiesta a través de unos lazos familiares fuertes. Ninguna persona envejece en Cerdeña pensando que va a terminar en una residencia de ancianos, sino que sabe que sus hijos, nietos y sobrinos podrán cuidarlos en casa hasta el final de sus días.
secretos de un pueblo italiano longevo
“Ninguno de estos habitantes se compró una cinta para correr, se apuntó al gimnasio o se puso a comprar suplementos vitamínicos”. Más bien, vivían en zonas donde el acceso a la comida saludable como la verdura era fácil y sencillo, iban caminando a todas partes, charlaban todos los días con sus vecinos, amigos y familiares, limpiaban ellos mismos sus hogares y cada 20 minutos hacían un poco de ejercicio físico, como agacharse para recoger una fruta a caminar a casa del vecino. La clase de actividad que resulta muy difícil de integrar en el día a día de un urbanita pero que en esta clase de entornos rurales sigue siendo una costumbre inconsciente.
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