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Cuando Empecé a Verme Con Otra Mujer…

Cuando Empecé a Verme Con Otra Mujer…

Hace poco tiempo, comencé a verme con otra mujer. De hecho, fue la idea de mi esposa…
 
“Sabes que la amas”, me dijo un día mi esposa.
 
 “La vida es demasiado corta, y deberías dedicarle más tiempo a ella.”
 
“Te amo, mi vida”, le respondí.
 
“Lo sé, pero también la amas a ella”, me respondió.
 
Esta otra mujer que mi esposa quería que vea era mi madre. Ya hace varios años es viuda, y por compromisos con el trabajo y los chicos no tuve tiempo de visitarla seguido.
 
Esa misma noche, llamé a mi madre y la invité a ver una película en el cine y luego cenar en algún lugar.
 
“¿Estas bien? ¿Pasó algo?”, me preguntó.
 
 
Mi madre todavía pertenece a la generación que piensa que un llamado después de las 7pm solo puede traer malas noticias. 
 
“Solo quería invitarte a una cena, solo tú y yo… ¿Qué te parece?”
 
Luego de un segundo, mi madre respondió “me encantaría”.
 
Al día siguiente, después del trabajó, conduje hasta su casa para pasarla a buscar. Era viernes por la noche, y tenía la sensación de que había pasado mucho tiempo, y me sentía tan nervioso como si fuera una primera cita.
 
Cuando llegué, me di cuenta que mi madre también tenía una mezcla de nervios y ansiedad.  Allí estaba ella, sentada, esperando con su viejo tapado, su cabello arreglado y el mismo vestido que usó en el último aniversario de papá.
 
Al verme, su rostro se iluminó con una sonrisa…
 
“Le conté a mis amigas que tenía una cita con mi hijo, y todas estaban muy contentas por mí”, me dijo mi madre al subir al auto. Aunque el restaurante al que fuimos no era demasiado lujoso, el staff fue muy amigable y servicial.
 
Cuando mi madre me tomó del brazo, pude notar que se sentía como una primera dama.
 
Una vez en la mesa, mamá me pidió que le lea el menú (“mis ojos ya no son lo que eran”, me dijo). Cuando iba por la mitad, levanté la vista y noté que mi madre me observaba con una sonrisa nostálgica. 
 
“Cuando eras pequeño, yo era la encargada de leer el menú”, me dijo.
 
“Bueno, ahora tienes que dejarme devolverte el favor”, le respondí.
 
Tuvimos una maravillosa conversación. No de algún tema en particular, sino de nuestras vidas, y de lo que nos había pasado en ese tiempo. En un momento, hablamos tanto que la conversación se fue por las ramas…
 
“Volveré a salir contigo si la próxima vez me dejas pagar a mí”, dijo mi madre.
 
Cuando la dejé en su casa, me sentí muy apenado al verla partir. La abracé, la besé y le dije cuanto la amaba. Más tarde esa noche, al llegar a casa, mi esposa me preguntó cómo me había ido en la cita. “Fue maravillosa, gracias por la idea”, le respondí, y agregué: “mejor de lo que pensaba…”
 
Unos días después, mi querida madre falleció de un ataque cardíaco. Todo fue muy rápido y no hubo nada que pudiéramos hacer para revertir la situación. Poco tiempo más tarde, recibí una carta del restaurante donde había estado con mi madre, que decía…
 
“Estoy bastante segura de que no llegaré a nuestra próxima cita, así que tú y tu esposa podrán disfrutar de su compañía tal como yo lo hice contigo. Ya pagué por una cena completa para ustedes aquí, y quiero que sepas cuanto significó esa noche para mí.
 
Te amo, 
 
Mamá”
 
 
En ese momento entendí cuán importante es hacerles saber a nuestros seres queridos que los amamos, y asegurarnos de dedicarles aunque sea un poco de tiempo, ya que nunca sabemos por cuanto tiempo los tendremos en nuestras vidas…
 
¡No hay nada más importante que la familia!
 
Si tu madre aún está viva, valórala.
 
Si no lo está, recuérdala con amor.
 
Compártelo con tus amigos para recordarles cuan importantes son las madres en nuestras vidas, y que el tiempo tiene la desventaja de no poder volver atrás…
 
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