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Una Historia Zen: Llevando La Carga

Dos monjes, el maestro y su alumno, se dirigían a otro convento de visita. Al igual que todos los monjes, durante el trayecto hacia el lugar, los dos hombres hablaron poco y caminaron mucho.

 Imagen cortesía de: freedigitalphotos.net / hinnamsaisuy 

Durante el tercer día de travesía, los dos monjes llegaron a un río de corriente rápida, y vieron que una mujer en un hermoso vestido estaba sentada a sus orillas.

Cuando la mujer los vio, se paró de inmediato y corrió hacia ellos con mucho entusiasmo.
“Por favor”, le rogó al maestro que claramente era la persona a cargo, “¿podría ayudarme a cruzar el río? Es que tengo que encontrarme con mi amado y no quiero arruinar mi mejor vestido.”

Esta actitud sorprendió al alumno ya que su maestro era un hombre consagrado, por lo que el contacto con una mujer sería considerado impuro. Sin tener tiempo de responder, y para su sorpresa, el maestro aceptó llevar a la mujer.

Así lo hizo, llevando la mujer a cuestas, atravesando la fuerte corriente y abriendo su paso hasta dejar a la mujer, agradecida y rebalsando de alegría, del otro lado del río.

Los dos monjes, continuaron su camino en silencio hasta que, en el tercer día de caminata, el alumno no pudo contenerse y preguntó:

“Maestro… ¿Por qué llevaste a la mujer a cuestas cuando atravesamos el río?”

El maestro lo miró con una leve sonrisa y le dijo: “Has aprendido mucho, pero aún te falta sabiduría, mi querido alumno.”

La mujer fue una carga en mi espalda solo por tres minutos, pero para tu mente lo fue por tres días…

Lo mismo que le pasó a los monjes nos pasa a nosotros día a día. Es mejor llevar una carga a cuestas, resolverla y dejarla en el pasado, antes que cargar con la duda, la miseria y los errores de esa carga en nuestra mente. No dejes cosas sin resolver en el pasado, ya que te perseguirán en el futuro…
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