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5 Inolvidables Poemas De Pablo Neruda

 Pablo Neruda, seudónimo de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, fue un poeta chileno, considerado entre los más destacados e influyentes artistas de su siglo. Fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura y el Premio Nobel de Literatura y es ampliamente conocido por sus obras Veinte poemas de amor y una canción desesperada y Cien sonetos de amor. Te presentamos cinco ejemplo de la belleza y profundidad de sus creaciones:
 
El mar
Poemas neruda

Necesito el mar porque me enseña:

no sé si aprendo música o conciencia:

no sé si es ola sola o ser profundo 

o sólo ronca voz o deslumbrante 

suposición de peces y navíos. 

El hecho es que hasta cuando estoy dormido 

de algún modo magnético circulo

en la universidad del oleaje.

No son sólo las conchas trituradas 

como si algún planeta tembloroso 

participara paulatina muerte, 

no, del fragmento reconstruyo el día, 

de una racha de sal la estalactita 

y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire, 

incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven 

que aquí llegó a vivir con sus incendios, 

y sin embargo el pulso que subía 

y bajaba a su abismo, 

el frío del azul que crepitaba, 

el desmoronamiento de la estrella, 

el tierno desplegarse de la ola 

despilfarrando nieve con la espuma, 

el poder quieto, allí, determinado 

como un trono de piedra en lo profundo, 

substituyó el recinto en que crecían 

tristeza terca, amontonando olvido, 

y cambió bruscamente mi existencia:

di mi adhesión al puro movimiento.

 
Sed de ti
Poemas neruda

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.

Trémula mano roja que hasta su vida se alza.

Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.

Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas...

Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.

Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.

Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.

Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.

Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.

Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.

Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.

El alma está incendiada de estas brasas que te aman.

El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.

De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.

Y en ella se aniquila como el agua en el fuego

Era mi corazón un ala viva y turbia...
Poemas neruda

Era mi corazón un ala viva y turbia...

un ala pavorosa llena de luz y anhelo.

Era la primavera sobre los campos verdes.

Azul era la altura y era esmeralda el suelo.

Ella, la que me amaba, se murió en primavera.

Recuerdo aún sus ojos de paloma en desvelo.

Ella, la que me amaba, cerró sus ojos... tarde.

Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos.

Ella, la que me amaba, se murió en primavera...

y se llevó la primavera al cielo.

Amor
Poemas neruda

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte 

la leche de los senos como de un manantial, 

por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte 

en la risa de oro y la voz de cristal. 

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos 

y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, 

porque tu ser pasara sin pena al lado mío 

y saliera en la estrofa, limpio de todo mal. 

Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría 

amarte, ¡amarte como nadie supo jamás! 

Morir y todavía amarte más. 

Y todavía amarte más y más.

Tengo miedo
Poemas neruda

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza 

del cielo se abre como una boca de muerto. 

Tiene mi corazón un llanto de princesa 

olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño 

que reflejo la tarde sin meditar en ella. 

(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño 

así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe 

y hay un grito en mi boca que mi boca no grita. 

No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste 

abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo, de una calma agonía 

sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde. 

Agoniza Saturno como una pena mía, 

la tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas

las nubes de la tarde, como barcas perdidas

que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

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