header print

El Cuento Del Zapatero y El Hombre Rico

El Redactor: Jessica Q. R.
Había una vez un zapatero muy trabajador, cuyo único entretenimiento era reparar los zapatos que sus clientes le llevaban.

El hombre disfrutaba mucho de su trabajo a pesar de que sólo le alcanzaba para lo justo, cantaba de felicidad cada vez que terminaba un encargo y con la satisfacción del deber cumplido, dormía plácidamente todas las noches.

El zapatero tenía un vecino que por el contrario era un hombre muy rico, al que además le molestaba un poco los cánticos diarios del zapatero.

Un día el hombre rico no pudo más y decidió ir a hablar con el zapatero. No entendía la causa de su felicidad y al ser recibido en la puerta de la humilde morada le preguntó a su dueño:

-Venga acá buen hombre, dígame usted ¿cuánto gana al día? ¿Acaso es la riqueza la causa de su desbordada felicidad?

-Pues mire vecino –contestó el zapatero, -por mucho que trabajo solo obtengo unas monedas diarias para vivir con lo justo. Soy más bien pobre, por lo que la riqueza no es el motivo de mi felicidad.

-Eso pensé y vengo a contribuir a su felicidad –dijo el hombre rico, mientras extendía al zapatero una bolsa llena de monedas de oro.

El zapatero no se lo podía creer. Había pasado de la pobreza a la riqueza en solo segundos y, luego de agradecer al rico, guardó con celo su fortuna bajo su cama.
 
Cuento El Zapatero y El Hombre Rico

Sin embargo, dichas monedas hicieron que nada volviese a ser igual en la vida del zapatero.

Como ahora tenía algo muy valioso que cuidar, ya no dormía tan plácidamente, ante el temor constante de que alguien pudiera robarle.

Además, por no dormir bien, ya no tenía las mismas energías para afrontar con ganas y energía el trabajo diario y mucho menos para cantar de felicidad.

Tan tediosa se volvió su vida de repente, que a los pocos días de haber recibido dicha fortuna de su vecino rico, decidió mejor devolverla.

Los ojos del hombre rico no daban crédito a lo que sucedía.

-¿Cómo que rechaza tal fortuna? –le dijo al zapatero. -¿Acaso no disfrutas ser rico?

-Verá vecino –contestó el zapatero, -antes de tener esas monedas en mi casa era un hombre realmente feliz que cada mañana se levantaba luego de dormir plácidamente para enfrentar con entusiasmo y energía su trabajo diario. Tan feliz era que incluso cantaba cada vez que podía. Desde que recibí esas monedas ya nada es igual, pues solo vivo preocupado por proteger mi fortuna y  no tengo si quiera tranquilidad para disfrutarla. Por tanto, le agradezco mucho, pero prefiero vivir como hasta ahora lo había hecho.

La reacción del zapatero sorprendió enormemente al hombre rico. No obstante, ambos comprendieron el mensaje: la riqueza material no es garantía de la felicidad. 
 

Regístrate gratis
Qué quisiste decir:
Al hacer clic en "Unirse", acepta nuestros Términos y Política de privacidad
Regístrate gratis
Qué quisiste decir:
Al hacer clic en "Unirse", acepta nuestros Términos y Política de privacidad