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La Mujer Leal...

Un hombre que había logrado amasar una importante fortuna, un día se sintió muy enfermo, y decidió llamar a su esposa para decirle:

"Mi amor, tu sabes cuanto trabajo me costo conseguir mi dinero, así que si me muero, mi última voluntad es que me entierres con todo mi dinero. ¿Me lo prometes?"
 
"Claro que te lo prometo amor mío. Cumpliré tu última voluntad contestó la esposa."
 
Efectivamente a los pocos días el hombre murió y la esposa estuvo frente a todas las diligencias que el funeral demandaba, incluyendo la compra de un enorme ataúd.
 
Cuando estaban en el cementerio antes de cerrar la fosa, una amiga íntima de la viuda se le acercó y le dijo:
 
"Supongo que no habrás sido tan idiota de enterrarlo con todo su dinero. ¿Verdad?"
 
"Tu sabes que yo soy muy creyente y sería incapaz de romper la promesa de su última voluntad..."
 
"¿Metiste todo su dinero ahí?" Preguntó la amiga.
 
Promesa es promesa... tomé todo su dinero, lo conté, lo deposité en mi cuenta, le gire un cheque exactamente por la misma cantidad y se lo puse dentro del ataúd... Si lo puede cambiar en el más allá, que lo gaste... 
 
Luego de haber cumplido más de 30 años de casados, un hombre llamó a su esposa y le dijo: “Mi amor, te das cuenta que hace 30 años tenía un departamento económico, un auto sencillo, una televisión de 13 pulgadas, y dormía en un colchón que se asemejaba más a un pedazo de cartón y, pero aun así me acostaba con rubias sexis de 21 años. Hoy tenemos una linda casa, un buen auto, una cama de dos plazas y un plasma, pero me estoy acostando con una rubia de 51 años. Me parece que hay algo que no estás haciendo bien.”

La mujer, muy serena, le respondió: “No hay problema, si quieres puedes ir a buscarte una rubia de 21 años para pasar un buen rato, y yo me encargaré de llamar a un abogado y asegurarme de que vivas en un departamento económico, tengas un auto sencillo, duermas en un sillón cama y, si eres lo suficientemente afortunado, quizás podemos arreglar una pequeña televisión.”

Una mujer le cuenta a su amiga que se casará por cuarta vez.
 
“¡Que buena noticia! Espero que no te moleste si te pregunto qué le paso a tu primer esposo.
 
“Murió de intoxicación por comer hongos venenosos.”
 
“¡Que tragedia! ¿Qué le sucedió al segundo?”
 
“Murió de intoxicación por comer hongos venenosos.”
 
¡Eso es terrible! Ahora temo preguntarte que le paso al tercero. 
 
“Se quebró el cuello y murió.”
 
“¿Se quebró el cuello?”
 
“Si, no quiso comer los hongos.”
 
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