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El Conejo De Laboratorio...

Un día, un conejo logró escapar del laboratorio donde había nacido y crecido. Cuando cruzó el alambrado que lo separaba del mundo exterior, el conejo sintió el pasto con sus pies y vio el amanecer por primera vez en su vida. 

“Wow, esto es increíble,” pensó el conejo. Luego de unos minutos de caminata, la pequeña criatura se encontró con un arbusto del que comenzaron a brotar decenas de conejos, que saltaban y corrían libremente por los campos. 

“Ey,” le dijo a uno de los conejos, “yo soy un conejo de laboratorio y acabo de escapar ¿ustedes son conejos salvajes?”

“Si, ven con nosotros,” respondieron los conejos, que se acercaron y comenzaron a comer pasto. 
 
 
“¿Qué más hacen ustedes?” preguntó el conejo.
 
“Bueno…,” respondió uno de ellos, “¿ves el campo de allá? Bueno, allí tienen zanahorias y nosotros cavamos, las sacamos y las comemos.”

El conejo no pudo resistirse a esta idea y pasó más de una hora saboreando esa delicia naranja que nunca antes había probado. 

“Estaban increíbles,” les dijo el conejo, “¿Pero qué más hacen los conejos?”

“¿Ves ese campo a la izquierda? Allí cultivan lechugas, y también las comemos.”

Las lechugas estuvieron tan ricas como las zanahorias, y el conejo dijo: “Este lugar es fantástico.”

“¿Eso significa que te quedarás a vivir con nosotros?” preguntó uno de los conejos.

“Lo siento, lo pase de maravillas, pero no puedo,” respondió el conejo mientras el resto lo miraba sin comprender. 

“¿Por qué? Pensamos que te gustaba,” contestaron al unísono. 

“Me gusta,” dijo el conejo, “pero tengo que volver al laboratorio. Me estoy muriendo por un cigarrillo…”

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