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La Divertida Trilogía De Las Rubias…

Tras haber aumentado de peso considerablemente, una rubia decide ir el médico para que le dé un plan nutricional.

“Quiero que comas normalmente por dos días, luego salta un día, y repite el mismo procedimiento por dos semanas. La próxima vez que te vea lo más probable es que tengas dos o tres kilos menos.”

Luego de dos semanas, la rubia regresa al consultorio y al pesarla, el médico se da cuenta de que perdió nueve kilos.

“Los resultados son sorprendentes… ¿Seguiste mis instrucciones?”, preguntó el médico.
La rubia, cansada, asiente con la cabeza y le dice: “El tercer día pensé que iba a caerme muerta.”

“¿Del hambre?”, preguntó el médico.

“No, de saltar.”
 

Una azafata rubia empieza su primer día de trabajo. La ruta por la que viajaban requería una parada en otra ciudad durante toda la noche. Al llegar al lugar, el capitán les muestra a las azafatas las habitaciones donde pasarían la noche.

A la mañana siguiente, cuando estaba preparando al equipo para emprender el viaje, el capitán se da cuenta de que la azafata nueva no estaba.

Como sabía el número de habitación, el capitán la llama para preguntarle por qué no había aparecido. La rubia contenta el teléfono angustiada y dice: “No puedo salir de mi habitación.”

“¿Cómo que no puedes salir? ¿Qué paso?”, contesta el capitán.

La rubia respondió llorando: “Solo hay tres puertas aquí. Una es la del baño, otra es del armario, y la última tiene un cartel que dice no molestar”
 
.
Un gerente pasaba por el escritorio de su secretaria, una joven rubia, cuando se dio cuenta que la mujer estaba llorando desconsoladamente. Preocupado, el gerente le pregunto: “¿Qué sucede?”

“Esta mañana temprano recibí un llamado diciendo que mi tía había fallecido”, respondió la rubia con tristeza.

El gerente se sintió apenado y le dijo: “¿Por qué no te tomas el día y te vas a tu casa a descansar un poco? Hoy no estamos muy ocupados, así que puedes dedicar este tiempo para ti.”

La rubia se calma y le contesta: “No, prefiero estar aquí. Así puedo mantener puedo mantener la mente ocupada en otras cosas.”

El gerente concuerda y le dice: “Bueno, hazme saber si necesitas algo.”

Un par de horas más tarde, el gerente regresa para ver cómo estaba su secretaria, y la encuentra llorando desconsoladamente otra vez. Preocupado, el hombre le pregunta: “¿Qué pasó ahora? ¿Estás bien?”

“No”, respondió la rubia, “mi hermana me acaba de llamar diciendo que su tía también murió.”
 
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