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Tres Historias Con Moraleja Para Aprender De La Vida

El Redactor: Ysabel Taberner Lopez

 Estas son tres historias con moraleja que nos recuerdan la importancia de avanzar, de la amistad y de la prudencia a la hora de decidir. Son retratos de situaciones que nos suceden cotidianamente.

Algunas historias con moraleja son como pinturas en las que se dibujan las virtudes y debilidades humanas. Sus autores son desconocidos, pero las narraciones se han popularizado y enriquecido con los aportes de la gente. De modo que ahora no importa quiénes las inventaron, sino el poderoso mensaje que transmiten.

 
1. El sabio, la primera de las historias con moraleja
Tres Historias Con Moraleja

Cuentan que, en un antiguo reino, habitaba un hombre que era conocido en todas partes por su gran sabiduría. Al comienzo solo aconsejaba a sus familiares y amigos cercanos. Sin embargo, su fama creció tanto que el propio soberano lo llamaba frecuentemente para consultarlo.

Todos los días llegaban muchas personas a recibir sus sabios consejos. Sin embargo, el sabio notó que había varios que iban todas las semanas. Lo peor es que siempre le contaban los mismos problemas y luego escuchaban el mismo consejo, pero no lo ponían en práctica. Todo se había convertido en un círculo vicioso.

Un día, el sabio reunió a todos esos consultantes frecuentes. Luego les contó un chiste tan divertido, que llevó a que casi todos se desternillaran de la risa. Después esperó un rato y volvió a contar el mismo chiste. Siguió contándolo por tres horas. Al final, todos estaban desesperados. Entonces el sabio les dijo: “¿Por qué no pueden reírse varias veces del mismo chiste, pero sí pueden llorar mil veces por el mismo problema”.
 

2. El león codicioso
Tres Historias Con Moraleja

La segunda de las historias con moraleja nos habla de un león soberbio que estaba hambriento. Llevaba un rato largo sin comer y tenía pegadas las tripas. Sabía que en el lugar en donde estaba no abundaban las presas. Comprendió que debía ser paciente y acechar con mucha cautela, ya que si aparecía alguna presa y la perdía, no iba a encontrar otra tan fácilmente.

El león se quedó muy quieto, detrás de un matorral. Pasaron algunas horas y no aparecía nada. Sin embargo, cuando ya estaba desanimado, en una zona cercana apareció una liebre. Había un pastizal y la liebre salió a comer la hierba, desprevenidamente. El león sabía que las liebres son muy rápidas, así que debía lanzar un ataque contundente y súbito. De lo contrario, con toda seguridad, la liebre se escaparía.

Esperó un rato y se puso en guardia. Cuando iba a echarse encima de su presa, vio de pronto que un hermoso venado estaba caminando a unos metros de allí. La boca se le hizo agua. En un par de segundos cambió sus planes y atacó al venado, que había tenido tiempo de verlo y se echó a correr. La liebre, por supuesto, se escapó. Esta es una de las historias con moraleja que nos enseña a no perder lo que ya tenemos asegurado, por aquello que nos seduce de repente.

3. Los dos amigos
Tres Historias Con Moraleja

La última de nuestras historias con moraleja nos cuenta que en cierta ocasión, dos grandes amigos decidieron hacer una travesía por el desierto. Uno confiaba en el otro ciegamente y sentían que no habría mejor compañía. Sin embargo, cuando ya estaban cansados tuvieron desacuerdos en sus opiniones.

Del desacuerdo pasaron a una discusión y de esta a un debate encendido. La situación llegó a tal extremo, que en un momento dado, uno de los amigos golpeó al otro. Enseguida se dio cuenta de su error y le pidió perdón. Entonces, el que había sido golpeado, escribió en la arena: “Mi mejor amigo me golpeó”.

Continuaron el camino y más adelante se encontraron con un extraño oasis. Todavía no habían entrado en él, cuando el suelo comenzó a moverse. El amigo que había sido golpeado comenzó a hundirse. Era una especie de pantano. Como pudo, su amigo se estiró, poniendo en riesgo su vida, y lo rescató.

Fue entonces cuando el chico que primero había sido golpeado y luego rescatado, escribió sobre una piedra: “Mi mejor amigo me salvó la vida”. El otro lo miraba con curiosidad, así que le explicó: “Entre amigos, las ofensas solo se escriben para que se las lleve el viento. En cambio los favores se marcan hondamente, para que no se olviden nunca”.

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