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Chiste: Entre El Cielo y El Infierno

El Redactor: Jessica Q. R.

Un anciano muere y llega a las puertas del cielo donde se encuentra con San Pedro.

- Bienvenido al paraíso - le dice San Pedro - antes que te acomodes, te comento como es esto. Lo usual aquí, es hacerte pasar un día en el infierno y otro en el cielo, y luego tú podrás elegir dónde quedarte por toda la eternidad.


San Pedro acompaña al anciano al ascensor y bajan hasta el infierno. Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un hermoso campo de golf. A lo lejos hay un club en donde se encuentran sus amigos y más personas. Todos se encuentran bien vestidos y muy felices disfrutando.

Se apresuran a saludarlo, lo abrazan y recuerdan juntos los buenos tiempos. Juegan un partido de golf y luego por la noche cenan juntos en el restaurante del club, con langosta como plato principal.

Comparten la noche con bellísimas y sensuales jóvenes y se encuentra también al diablo, que resulta ser muy simpático y se divierte mucho contando chistes y bailando.

Se divierten tanto que el tiempo pasa volando y es hora de irse. Todos le dan un apretón de manos y se despiden mientras se sube al ascensor.
 

Chiste: Entre El Cielo y El Infierno

El ascensor sube, se abre la puerta y llega al cielo donde San Pedro lo está esperando.

- Ahora es el momento de pasar un día en el cielo.

Así que el anciano pasa las 24 horas saltando de nube en nube, tocando el arpa y cantando. Ya estaba aburrido cuando después de las 24 horas, San Pedro va a buscarlo y le dice:

- Ya has pasado un día en el infierno y otro en el cielo. Ahora debes elegir dónde pasar toda tu eternidad.

El señor reflexiona un momento y luego responde:

- Bueno, el cielo ha sido un lugar relajado y tranquilo, pero creo que he estado mejor en el infierno, así que elijo el infierno.

San Pedro lo acompaña hasta el ascensor y otra vez bajan hasta el infierno.

Cuando se abren las puertas del ascensor, se encuentra en medio de una tierra desierta cubierta de desperdicios y un olor a putrefacción.

Ve a todos sus amigos tristes, vestidos con harapos recogiendo desperdicios y metiéndolos en bolsas negras.

El diablo lo alcanza y le pone el brazo en el cuello.

- No entiendo - le dice el anciano - Ayer estuve aquí y había bellísimas jóvenes, un campo de golf y un club. Comimos langosta, bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es un lugar desértico lleno de porquerías y mis amigos parecen unos pordioseros.

El diablo lo mira, le sonríe y le dice:

-  Mi querido señor, ayer estábamos en campaña. ¡Hoy ya votaste por nosotros!

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