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El Conductor Importante…

Muchos años atrás, el Papa llegaba a Nueva York de visita y se encontró con un hermoso auto esperándolo en el aeropuerto y, por supuesto, un chófer personal. 

Cuando el Papa vio el auto, con sutileza se acercó al conductor y le preguntó: “¿Te molesta si te pido un pequeño favor?”

“¿Un favor del Papa?” respondió el chofer, “¡Por supuesto! ¿Cómo me va a molestar?”

“¿Te importaría si manejo un rato?” le preguntó el Papa, “nunca tengo la oportunidad de hacerlo y, hoy, al ver el auto me dieron muchas ganas de conducir yo mismo…”

El hombre no sabía qué respuesta darle a su eminencia. Por un lado, si lo dejaba conducir podría chocar y tener un accidente, y en ese caso él sería el culpable. Por otro lado, la persona pidiéndole el favor era el mismísimo Papa, por lo que no podría rehusarse al pedido. Luego de aceptar, el Papa se hizo cargo del volante y comenzó a conducir a altas velocidades. 

Cuando pasó a unos 150 km/h en una zona del límite era de 80, un vehículo de la policía se acercó y los obligó a parar. La oficial, una mujer rubia de unos 30 años, se aproximó al auto, miró al conductor y su acompañante y dio unos pasos hacia atrás. Una vez lejos del auto, llamó a su sargento:

Oficial: “Señor, tengo un problema.”

Sargento: “¿Qué tipo de problema?”

Oficial: “Bueno… paré a un auto por haber excedido el límite de velocidad pero cuando me acerqué me di cuenta de que se trata de alguien muy importante.”

Sargento: “¿Importante como el intendente?”

Oficial: “No, mucho más importante…”

Sargento: “¿Importante como el gobernador…?”

Oficial: “No señor, mucho mucho más importante…”

Sargento: “¿Importante como el Presidente?”

Oficial: “Mucho más importante…”

Sargento: “¿Quién puede ser más importante que el Presidente?”

Oficial: “No sé, pero tiene al Papa como chofer personal…”
 
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