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¿Y Tú Qué Eres?

Una mañana, un conejito ciego estaba saltando por un sendero, cuando se tropezó con una serpiente y cayó encima de ella. “Discúlpame”, dijo el conejito, “no fue mi intención tropezar contigo, pero soy ciego y no puedo ver por dónde voy.”

“Está bien”, respondió la serpiente, “para ser honesto, fue mi culpa. No debería haberte enredado, pero también soy ciego y no te vi pasar. Por cierto… ¿Qué clase de animal eres?”

“Bueno, la verdad que no sé”, dijo el conejo, “Soy ciego y nunca pude ver cómo es mi apariencia. Quizás puedes examinarme y describirme cómo soy.”

La serpiente procedió a examinar y sentir al conejo y dijo: “Bueno, eres suave, como un peluche. Tienes orejas largas y sedosas, una colita pomposa, y una nariz pequeñita... ¡debes ser un conejo!”

El conejo respondió: “¡No tengo palabras para agradecerte! Por cierto… ¿Qué clase de animal eres tú?”

Debido a que la serpiente respondió que tampoco sabía, el conejo accedió a examinarla para descubrirlo.
Cuando terminó, la serpiente le pregunto: “¿Y? ¿Qué clase de animal soy?"

El conejo la volvió a tocar y respondió: “Bueno… por empezar, eres duro y frío. También eres muy delgado y no tienes bolas… ¡Seguro eres un abogado!”
 
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